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El Papa cerró su histórica gira a Irak con una misa multitudinaria en Erbil

ERBIL (enviada especial).- El Papa cerró hoy su histórica peregrinación Irak, el viaje más riesgoso de su pontificado, considerado una locura por muchos debido a la pandemia en curso y un contexto explosivo, con una misa multitudinaria en esta ciudad, capital del Kurdistán, que culminó con un pedido. Que los 40 millones de habitantes de este país en los últimos años olvidado -pero en estos días, gracias a él, bajo los reflectores del mundo-, sin distinción de religión o etnia, dejen de lado sus divisiones y trabajen juntos por un futuro mejor, con esperanza.

“Ahora, se acerca el momento de regresar a Roma. Pero Irak permanecerá siempre conmigo, en mi corazón. Les pido a todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, que trabajen juntos en unidad por un futuro de paz y prosperidad que no discrimine ni deje atrás a nadie”, les dijo, al cabo de una emotiva misa antes unas diez mil personas en el estadio Franso Hariri. En verdad este lugar tiene capacidad para el doble, pero debido a la pandemia y las medidas sanitarias de distanciamiento vigentes, sólo pudo ingresar la mitad.

El Papa, que vivió la jornada más intensa de su gira, en la misa tuvo el único baño de multitud de la gira: utilizó su famoso papamóvil, con el que dio una vuelta al estudio, mientras era aclamado como una estrella de rock. Aunque antes, cuando visitó una iglesia reconstruida después de ser arrasada por el grupo terrorista Estado Islámico (EI), en Qaraqosh, también hubo mucha gente en las calles, como en la arrasada ciudad de Mosul, símbolo de la destrucción del extremismo terrorista islámico. Hasta estas dos localidades llegó en autos blindados, después de tomar un helicóptero.

A la hora de la despedida, ya finalizada la misa, luego de agradecer a los organizadores de una visita compleja y agotadora –en tres días recorrió más de 1450 kilómetros, tomó 5 aviones y dos helicópteros-, aseguró a los iraquíes que seguirá orando por este “amado” país.

“Rezo, de manera especial, para que los miembros de las distintas comunidades religiosas, junto con todos los hombres y las mujeres de buena voluntad, cooperen para estrechar lazos de fraternidad y solidaridad al servicio del bien común y de la paz”, dijo. De hecho, el llamado a ser y trabajar todos como hermanos fue el leit motiv de su gira.

“Salam, salam, salam (paz). Shukrán! [Gracias] Que Dios los bendiga a todos. Que Dios bendiga a Irak. Allah ma’akum! [Que Dios esté con ustedes]”, se despidió, hablando en árabe.

En una gira marcada por operativos de seguridad imponentes -visto los ataques con cohetes de milicias insurgentes de los últimos días-, con una impresionante cantidad de fuerzas especiales, unidades SWAT armadas hasta los dientes, el Papa destacó que en los intensísimos días vividos en Irak había escuchado “voces de dolor y de angustia, pero también voces de esperanza y de consuelo”. Al respecto, mencionó y agradeció la enorme labor realizada por diversas organizaciones caritativas para ayudar a reconstruir poblados como el de Qaraqosh y Mosul, así como para hacer volver a las cientos de miles de personas, tanto de la minoría cristiana como de la mayoría musulmana, que debieron durante años escapar de la barbarie de EI.

Durante la homilía, que pronunció en italiano pero que era traducida en forma simultánea al árabe, volvió a hablar de las “heridas de la guerra y de la violencia, heridas visibles e invisibles”, que aún marcan a fuego a muchísimos iraquíes. Y alentó a los fieles presentes, que lo esperaron durante horas cantando y rezando, a no perder la esperanza y a seguir el ejemplo de Jesús.

“Jesús no sólo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace partícipes de su misma fuerza y sabiduría. Y al mismo tiempo nos fortalece, para que sepamos resistir a la tentación de buscar venganza, que nos hunde en una espiral de represalias sin fin”, subrayó.

“El Señor nos promete que, con la fuerza de su Resurrección, puede hacernos resurgir a nosotros y a nuestras comunidades de los destrozos provocados por la injusticia, la división y el odio. Es la promesa que celebramos en esta Eucaristía”, explicó.

Conceptos parecidos expresó al mediodía cuando visitó la Iglesia de la Inmaculada Concepción, que en 2014 fue vandalizada, profanada y quemada por las milicias extremistas de EI en el poblado cristiano de Qaraqosh. Después de la liberación de EI, en octubre de 2016 este edificio volvió a ser un lugar sagrado, gracias a que los cristianos del lugar improvisaron un altar y una cruz de madera en su techo. Aunque su verdadera reconstrucción comenzó hace casi un año. También en las calles de Qaraqosh, centro de unos 35.000 habitantes, hoy nuevamente poblado y de pie gracias a la ayuda de diversos organismos y de la comunidad internacional, el Papa fue recibido triunfalmente. Detrás de vallas y bajo la atenta mirada de francotiradores y demás fuerzas especiales, familias con trajes tradicionales y de fiesta le dieron una bienvenida al grito de “¡Francesco, Francesco!”.

“Ahora es el momento de reconstruir y de volver a empezar”, les dijo el Papa a los cerca de 300 fieles presentes en el templo, a quienes les aseguró que “no están solos”. “Este es el momento de reconstruir no sólo los edificios, sino ante todo los vínculos que unen comunidades, jóvenes y ancianos. No dejen de soñar. No se rindan, no pierdan la esperanza”, arengó.

Finalmente, en un país musulmán donde las mujeres suelen estar en segundo plano, terminó con un llamamiento en favor de su empoderamiento y haciendo una fuerte denuncia de los abusos muchas veces por ellas sufridos.

“Mientras llegaba con el helicóptero, miré la estatua de la Virgen María colocada sobre esta iglesia de la Inmaculada Concepción y le confié el renacer de esta ciudad. La Virgen no sólo nos protege desde lo alto, sino que desciende hacia nosotros con ternura maternal”, dijo. “Esta imagen suya incluso ha sido dañada y pisoteada, pero el rostro de la Madre de Dios sigue mirándonos con ternura. Porque así hacen las madres: consuelan, reconfortan, dan vida. Y quisiera agradecer de corazón a todas las madres y las mujeres de este país, mujeres valientes que siguen dando vida, a pesar de los abusos y las heridas”, afirmó. “¡Que las mujeres sean respetadas y defendidas! ¡Que se les brinden cuidados y oportunidades!”, concluyó en otro gesto de gran valentía en una gira que para los iraquíes significó una bocanada de oxígeno.

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