Internacional

La compañía más importante del mundo: una gran tentación para China y un dolor de cabeza para Estados Unidos

HSINCHU, Taiwán — “Si China toma Taiwán, apagaría el mundo, posiblemente”, comentó Donald Trump hace poco en Fox News, al parecer refiriéndose a una posible incautación de una empresa que es fundamental para prácticamente todo. De hecho, podría decirse que es la empresa más importante del mundo.

La empresa a la que aludió Trump, Taiwan Semiconductor Manufacturing, o TSMC, es la única corporación que se me ocurre en la historia que podría causar una depresión mundial si se viera obligada a detener la producción.

En la actualidad, parece imposible mantener una conversación sobre geopolítica o economía sin volver a TSMC, que fabrica alrededor del 90 por ciento de los chips más avanzados del mundo. Si las luces se apagaran aquí en Hsinchu, en los edificios ultralimpios y ultraseguros de la empresa, es posible que no pudiéramos comprar un teléfono, un auto o un reloj nuevos. Los ejércitos podrían quedarse sin misiles guiados de precisión y los hospitales tendrían dificultades para sustituir las avanzadas máquinas de rayos X y resonancia magnética. Podría ser como la interrupción de la cadena de suministro de chips durante la COVID-19 —multiplicada por 10— y TSMC, por desgracia, está situada en una región donde la guerra es posible y podría amenazar la producción.

¿Sería realmente útil TSMC para China?

“Taiwan Semiconductor es una de las empresas mejor gestionadas e importantes del mundo”, comentó Warren Buffett el año pasado. Pero vendió su participación de 4000 millones de dólares en TSMC porque, dijo, “no me gusta su ubicación”.

Algunos creen —parece que esta puede ser la opinión de Trump— que TSMC es tan valiosa que podría tentar a China a intentar apoderarse de Taiwán y, entonces, poner al mundo de rodillas.

“Cuanto más se habla del silicio, menos racional se vuelve la gente”, me dijo Mark Liu, presidente de TSMC.

Así que intentemos tener una conversación matizada sobre TSMC, su importancia y sus vulnerabilidades.

Para empezar, las fábricas de TSMC quizá serían inútiles para China tras una invasión, aunque los ingenieros siguieran trabajando y aunque las fábricas no fueran bombardeadas por los defensores estadounidenses o taiwaneses para mantenerlas fuera del alcance de China. Esto se debe a que los chips se diseñan en otros países y requieren redes internacionales para mantener la producción. Para China, TSMC sería tan útil como un teléfono muerto.

Una de las cuatro plantas de fabricación de semiconductores giga de TSMC en Taichung, Taiwán, el 2 de septiembre de 2021. Foto tomada el 2 de septiembre de 2021. REUTERS/Yimou
Una de las cuatro plantas de fabricación de semiconductores giga de TSMC en Taichung, Taiwán, el 2 de septiembre de 2021. Foto tomada el 2 de septiembre de 2021. REUTERS/Yimou (REUTERS / Reuters)

Lo que ocurre en estas fábricas —24 horas al día, siete días a la semana, ya que el trabajo lo realizan máquinas no sindicalizadas y que no protestan— es asombroso. TSMC ha transformado una industria que ahora mide su trabajo en nanómetros (milmillonésimas partes de un metro). Un glóbulo rojo humano mide casi 7000 nanómetros de ancho y TSMC está desarrollando chips de 1,4 nanómetros.

“No hay nada como las plantas de TSMC”, me dijo Matt Pottinger, un experto en el continente asiático desde hace mucho tiempo que fue asesor adjunto de seguridad nacional durante el gobierno de Trump. “Es realmente magia negra”.

Pero la magia negra requiere enormes cantidades de energía —TSMC consume quizás el siete por ciento de la electricidad de Taiwán— y eso crea un riesgo. Incluso si China no pudiera apoderarse de las fábricas de TSMC, podría interrumpir la producción como una forma de presionar a Taiwán y Occidente simplemente con ciberataques a la red.

“A China le resultaría bastante fácil hacer caer las redes eléctricas”, aseguró Pottinger. Asimismo, China podría imponer un bloqueo parcial con el mismo efecto. Cualquiera de las dos opciones podría repercutir rápidamente en la economía mundial.

Lo que significa que también afectaría a la economía china. Los chips de TSMC son insumos cruciales para la fabricación china, por lo que la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, y otros han descrito la industria de chips como el “escudo de silicio” de Taiwán, lo que significa que China no se atrevería a atacar porque eso destruiría su propia economía.

Soy tan escéptico ante este argumento como ante la idea de que China invadirá Taiwán para hacerse con TSMC. El escudo del silicio me recuerda al éxito de ventas de 1909 “La gran ilusión”, que se tradujo a 25 idiomas y predecía que Europa era tan interdependiente económicamente que la guerra quedaría obsoleta. Las dos guerras mundiales acabaron con sus ventas.

La poderosa industria de semiconductores que protege a Taiwán de China

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La idea de fabricar chips en Estados Unidos

Definitivamente, no es óptimo que la economía mundial dependa de chips de una zona vulnerable a terremotos y guerras. Esa es una de las razones por las que Estados Unidos está invirtiendo casi 39.000 millones de dólares a través de la Ley CHIPS para fabricar chips en el país. Sin embargo, devolver a Estados Unidos una gran parte de la fabricación de chips avanzados ya está resultando más difícil que aprobar la ley.

Para Estados Unidos es un enorme reto reproducir el ecosistema de Taiwán que apoya la fabricación de chips, desde la experiencia en la construcción de fábricas hasta las empresas que limpian las batas que se usan en su interior. Y Estados Unidos es una burocracia pesada, donde es más difícil y caro obtener autorizaciones medioambientales y permisos de construcción que en otros países.

Una señal de problemas: tanto TSMC como Samsung ya han tenido que retrasar sus planes de construir nuevas plantas en Estados Unidos. Hay cierta incertidumbre sobre lo avanzados que serán esos chips fabricados en Estados Unidos y, dieciocho meses después de que el presidente Joe Biden firmara la Ley CHIPS, las subvenciones estadounidenses tardan en salir por la puerta.

Y un cuento con moraleja: TSMC construyó una fábrica en el estado de Washington a finales de la década de 1990 y durante muchos años fue un costoso quebradero de cabeza.

“Fue una serie de desagradables sorpresas”, dijo Morris Chang, fundador de TSMC, en un pódcast en 2022. A pesar del enorme esfuerzo y de 25 años de experiencia, los costos de producción en esa planta siguen siendo un 50 por ciento más altos que en Taiwán, añadió Chang.

Quizá porque tiene 92 años y está jubilado, Chang se sincera sobre los retos de la estrategia estadounidense.

“Creo que será un ejercicio inútil muy caro”, afirmó sobre los esfuerzos de la nación estadounidense. “Estados Unidos aumentará algo la fabricación de semiconductores en el país. Pero todo ello supondrá un aumento de costos muy elevado, un elevado costo unitario. No será competitivo en los mercados mundiales”.

Quizá tenga sentido que Estados Unidos fabrique chips no competitivos para salvaguardar el acceso a ellos, pero reconozcamos que hay contrapartidas: las decenas de miles de millones de dólares gastados en subvenciones a las fábricas también impulsarían la competitividad estadounidense si se destinaran a reducir la pobreza infantil y mejorar la educación estadounidense. Si los estadounidenses fueran tan buenos en matemáticas como los taiwaneses, nuestras fábricas también funcionarían mejor.

Dada la dificultad de trasladar la producción, la mejor manera de salvaguardar la fabricación de chips puede ser trabajar más que nunca para disuadir y evitar la guerra en el estrecho de Taiwán.

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